Melancolía (2011)


El principio del fin

El prólogo no engaña a nadie, y pese a que hubiese preferido menos ralentizaciones melodramáticas, las bellas postales junto a la música de Wagner anticipan lo que nos vamos a encontrar.

Sólo una mentalidad tan pesimista como la de Lars podía elegir uno de los días más alegres del ser humano (el día en que contrae matrimonio junto al ser amado) como el preámbulo de la destrucción del mundo. Pero no se equivoquen, aquí no hay alegría que valga, ni siquiera en una boda.

Por un lado tenemos a la novia, bipolar, maniacodepresiva y a saber qué más. El novio, que de bueno pasa a tonto y patético. El padre de la novia, mujeriego y despreocupado; la madre amargada perenne y aguafiestas. La hermana de la novia, que tira del carro todo lo que puede a pesar de su nerviosismo; y el marido de ésta, podrido de dinero y lo único que le preocupa. Sin olvidar la guinda del pastel, el jefe de la novia, el más cabrón de todos.
Con esta fauna campando por la boda, el cabroncete de Lars deja patente su amor por la humanidad. Y no le culpo, puesto que aunque parezca una exageración, gente así existe y la ves a diario.


La película consta de dos partes.
Una que retrata la boda, poniendo énfasis en Justine, la novia; y la segunda mostrando el día después de la boda, centrándose más en los sentimientos de Claire, hermana de la novia.
Ambas historias se desarrollan (sobre todo la segunda) mientras un planeta llamado 'Melancolía' (nada sutil este Lars) se aproxima a la Tierra.
El resto es mejor descubrirlo por uno mismo. Como se tejen las historias de cada uno mediante sabias pinceladas que dejan entrever su pasado y presente pero sin mostrarlo directamente. Como una preciosista y metódica fotografía se empapa de las tristes notas de Wagner.
De como la melancolía diaria nos asalta sin dejarnos hueco a la felicidad.

7/10
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