Las aventuras de Priscilla, reina del desierto

El autobús lavanda de la felicidad

Estamos a principios de los 90, en la Australia desértica. Un joven Stephan Elliott intenta sacar adelante un proyecto ambicioso, un relato sobre drag queens y aquello oculto debajo de tanto maquillaje . Elliott tenía muy claras sus ideas porque conocía los ambientes gays del Reino Unido y los Estados Unidos. Quería perfilar unos personajes humanos, divertidos y sensibles. Contó con un Terence Stamp harto, a punto de abandonar su carrera por culpa de hacer sólo papeles de malote británico, que estaba encantado ante la posibilidad de cambiar totalmente de registro. Contó también con Hugo Weaving, su amigo y protagonista de su ópera prima 'Frauds'. Sólo le faltaba un tercer hombre – uno que sea guapo, le aconsejaron – y eligió a Guy Pearce, famoso en Australia gracias a la serie de TV 'Neighbours'. Ya tenía a sus tres reinonas dispuestas a deambular a lo largo del árido y yermo país de los canguros.

'Las aventuras de Priscilla, reina del desierto' es una road movie típica en su desarrollo pues cuenta la evolución de los personajes en el transcurso de un largo y accidentado viaje. Pero atípico en su contenido porque son tres hombres vestidos de mujeres, tres hombres que deben convivir con su “doble condición”. Lejos de dramatismos innecesarios, Elliott opta por la diversión, el optimismo y el buen rollo. Eso queda reflejado en el pomposo y vivaz vestuario, por ejemplo. Varios modelitos pasean por la pantalla, teniendo su punto culmen con ese 'Finally' en el que cambian hasta tres veces de ropa. La música, tan alegre y que invita a bailar, es otro punto a su favor. Chistes jocosos o escatológicos combinados con momentos emotivos – muertes, autodescubrimientos – hacen un equilibrado guión con el que disfrutar.




Cada uno de los protagonistas aporta su toque personal y único a la película. Mitzi (Weaving) es un hombre con sorpresa – a lo kinder huevo -, emocional y racional, alguien en busca de una estabilidad laboral e interna. Bernardette (Stamp), una mujer a todas luces, quiere tener alguien a quien amar y alguien que le ame. Su drama empieza cuando muere su pareja y el viaje propuesto por Mitzi le hará replantearse ciertas cosas. Felicia (un histriónico y divertidísimo Pearce) es una LOCAZA (sí, en mayúsculas) con la ambición de ser eso, una locaza, bien orgullosa de ello. No se avergüenza de su condición sean cuales sean las consecuencias. Además, su indumentaria es la más ridícula, llamativa y provocativa. Por eso, Felicia es mi debilidad.

En el viaje, las drag queen descubrirán que, pese a que Sydney -lugar del que parten – es muy liberal, el resto de Australia puede ser más hostil. 'They will survive', a lo Gloria Gaynor. Mítico el momentazo en el que actúan cantando la canción de la diva del soul ante los aborígenes. Otro momentazo es el aria “interpretada” por Guy Pearce en el techo de su autobús. Y bueno, todos esos paisajes desérticos, inhóspitos a priori para estas tres valientes, tres personas lanzadas a comerse el mundo y conocerse a sí mismas, conforman un bello marco perfecto donde desarrollar la historia.

Y todo esto ocurre mientras van subidas al lomo de un gran autobús color morado. Perdón, lavanda. Su nombre es Priscilla y es la reina del desierto.
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